¡Hola de nuevo a todos!
Les mando besos y abrazos pues hace ya un buen rato que no me daba una vuelta por acá, y la verdad no es justo que mi blog esté tan abandonado a pesar del trabajo.
Ustedes se preguntarán que he estado haciendo en todo este tiempo: pues siento que básicamente crecer, reencontrarme con algunos buenos recuerdos de mi infancia, experimentar cada instante más a fondo y agarrar condición y disciplina para poder estar aquí con ustedes, aunque sea un rato a estas horas de la madrugada para compartir esta gran aventura que es la vida.

Para comenzar, déjenme contarles que la primera serie de novelas de fantasía que leí fue la saga completa de El Señor de los Anillos, cuando apenas era una chamaca de 12 años. Anteriormente sólo había leído los libros clásicos que te dejan leer en la secundaria - algunos me gustaron, otros se me hicieron muy aburridos- pero definitivamente, las obras de Tolkien se convirtieron en mi hit.
Soy fan de las historias de la Tierra Media, por eso el diseño de mi blog.
A tan tierna edad, la super descriptiva narrativa de esta saga estimuló mi imaginación al grado de observar la
Tierra Media con mis propios ojos, respirar el ambiente de cada uno de los escenarios, y vivir a fondo las aventuras de los integrantes de la
Comunidad del Anillo, haciendo mios cada paso que daban, sus reacciones y estados de ánimo; era una compenetración increíble.

Ese tipo de reacciones me maravillan, pues aún a mis treinta y tantos años sigo teniéndolas cuando veo alguna película o leo algún libro que me llega de verdad. Ahora sé que cuando un escritor o artista llega a este nivel de fusión con su público es por que da lo mejor de sí, convirtiendo su arte en un éxito rotundo. Claro, en gustos se rompen géneros, pero las personas tendemos siempre a acoplarnos con las cosas que nos agradan: en mi caso me gustan mucho las cuestiones de la naturaleza, el acampar y el explorar, y a pesar de que solo tuve una oportunidad de realizar estas actividades siendo niña, fué suficiente para llenar mi corazón.
Así pues, esta es una de las experiencias buenas que tuve en mi niñez, una de las muchas que había olvidado y ahora recuerdo me dejó muy marcada y me trajo felicidad; me enseñó a tener valor, a ser fuerte ante la adversidad y a desear lo mejor a pesar de que el panorama se vea de lo peor.
¡Gracias a todos aquellos que de corazón crean fantasía y te llevan a viajar a otros mundos! ¡Gracias, por que sin ellos seríamos todos unos amargados y dejaríamos de ver el barco de Peter Pan!